Tal y como reconoce J.A. Sánchez en su artículo La representación de lo real (“La representació d’allò real”, en DDT, Barcelona, 2007, en Radicals Lliure (DDT 10) pp. 25-34.) hay que diferenciar entre dramaturgias documentalistas que tratan de representar la realidad y dramaturgias de inserción de lo real en la propia escritura escénica.

Ahora bien, estamos hablando de lo real? Es decir, de lo auténtico?

Si hubiéramos querido hacer notar que es la realidad entre comillas la que queremos representar, hubiéramos titulado este artículo: Dramaturgias de la realidad. Pero no, nótese que seguimos insistiendo en lo real.

¿Y es representable lo auténtico?

Paradoja insalvable: Supongamos que A (cosa auténtica) es representable en B (copia, aproximanción o interpretación de lo auténtico = representación de A). De ser posible, en consecuencia A -> B, tendríamos que admitir que B también es representable, al mantener en cuanto a las propiedades de la reproducción se refiere, la posibilidad de una nueva copia, una nueva aproximación, una nueva interpretación, etc. Es decir, B  -> C.

La sucesión obtenida será tal que sigue: O -> Rn (tendiendo al infinito).

Ahora tomemos una parte de la sucesión: Rx, es decir, una representación dada. Y hagámonos la pregunta a la inversa. ¿Cual es la cosa auténtica de Rx?

Inmediatamente anterior a Rx es Rx-1, pero podría pasar que Rx-1 fuera una representación de Rx-2, ect.

La fórmula obtenida es R (representación) -> O (original), definiéndose este último como aquel que no es representación de ninguna otra cosa.

Hasta aquí, creo, podríamos estar de acuerdo. Pero ¿cómo saber que una cosa no es representación de otra?

Si nos ceñimos a las bases de observación de la realidad, según la teoría cuántica, cualquier observación la modifica, de tal manera que sólo la realidad es observable a través de sus consecuencias, es decir de sus reflejos, de sus representaciones. Cualquier tangencia de lo auténtico lo convierte en representación. Es decir, de ser representable lo auténtico, la propia representación de lo auténtico lo anularía en su autenticidad.

Resolución de la paradoja: Lo auténtico no es representable. Lo real no es representable.

¿Qué podemos entender entonces por dramaturgias de lo real?

Muy sencillo: La escritura (hilado de signos) imposible de representar. La escritura  que se defiende de poder ser representatada y que sólo en su existencia en presente tiene cuerpo y materialidad, no pudiendo ser cuerpo ni materia de ningún otro real. 

Julio Fernández Peláez, en MANIFIESTOS (CONCRETOS) DE LO REAL, Mayo de 2011


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