no volveré a hacer arte aburrido, Baldessari(No volveré a hacer arte aburrido, de Jhon Baldessari, 1971)

Muchas, o quizá no tantas, han sido las reflexiones generadas en torno al término postdramático en los últimos años. En todas ellas se advierte un interés por enfocar la problemática alrededor de la idea de resistencia frente representación, en especial en el ensayo de Óscar Cornago titulado precisamente  Teatro postdramático: las resistencias de la representación y que podemos encontrar en la web del archivo virtual de las artes escénicas de la UCLM.

Como cabe deducir de las tesis propuestas por el “inventor” del término, Lehmann, y como ya analizáramos en en este blog en el artículo anterior, aunque inserto en la postmodernidad el prefijo post de postdramático no lleva precisamente a un posicionamiento postmoderno sino más bien de ruptura, de vanguardia frente al drama (el viejo drama se sobreentiende). La negación de la representación, de la ficción dramática, implica un posicionamiento antitético, muy similar al que ya se desarrollara en las primeras y segundas vanguardias, a través sobre todo del dadaísmo, el surrealismo o el absurdismo, pero que en el postdramatismo es llevado a la renuncia al texto escrito como elemento principal que sustenta la representación.

Esta última característica es, sin embargo, la más olvidada cuando se habla de teatro postdramático. Es cierto, como el propio Lehmann apunta, que muchos de los textos aparecidos en las últimas décadas del XX implican en sí mismos una crisis de la representación en relación al drama. Pero, ¿significa esto que los textos con características postdramáticas no llegan a constituirse en drama?

La clave para responder a esta pregunta reside en aceptar la ampliación del concepto drama de acuerdo con las primigenias y nunca obsoletas “reglas” del teatro en sus orígenes, donde la catarsis obligaba a convivir lo apolíneo y lo dionisíaco dentro del drama, como dejara entrever Aristóteles  al admitir que la acción (=drama) no sólo tenía que ver con la fábula sino también con  el ritmo, la visualidad, o el pensamiento.

Desde mi humilde punto de vista, es más razonable entender que el drama no lo constituyen sólo las piezas hechas de acuerdo a la normativa de las piéces bien faites, características de un teatro burgués, sino además todas aquellas formas artísticas teatrales que renuncian  a las bases canónicas (neoclásicas) del drama, como son el conflicto, la intriga o la linealidad,  del mismo modo que claramente sigue siendo pintura toda pintura que renuncie a la perspectiva o a la representación de las tres dimensiones, es decir: gran parte de la pintura del siglo XX.

Son drama, por lo tanto, las piezas de  Ibsen, Chekov u O’Neill, pero también el Woyzeck de Büchner, Ubú Rey de Alfred Jarry, el teatro estático de Pessoa y de Maeterlink y el teatro de Samuel Beckkett, Peter Handke, Heiner Müller, Martin Crimp o Sarah Kane, aunque en estos últimos las deformaciones, renuncias y negaciones con respecto a términos claves del teatro, tales como espacio escénico, tiempo escénico, personaje, historia etc. sean más que evidentes.

A pesar de que en muchos casos pueda darse el paralelismo entre poema dramático y obra dramática escrita con apariencia de no drama, está claro que todos los autores mencionados escribieron con vocación de dramaturgos y no -explícitamente al menos- con la intención sólo de ser leídos y no representados.

Todo lo cual, en gran medida, implica, que pese a acercarse al postdramatismo en algunas de sus características, los textos de estos autores no son textos postdramáticos, sino dramáticos a secas, es decir: representables, pues en ellos existe un impulso dominante de ser puestos en escena, a pesar de que ser clara también su capacidad de multiplicación, de versatilidad y de no direccionalidad frente a una única forma de ser representados. En ellos, la fuerza sugestiva del material onírico se sobrepone al sentido y a la lógica, pero esto no evita, por supuesto, la escenificación a partir del texto como elemento constitutivo fundamental.

¿Pero qué ocurre cuando el texto nace con el firme propósito de dejarse modelar, de ceder su protagonismo a otros elementos escénicos? En algunos autores, como podría ser el caso de Richard Foreman, por citar un ejemplo, el texto cede a la escenificación su protagonismo, ya desde un primer momento, es decir, desde el momento mismo en el que Foreman escribe, lo hace en sentido ontológico y a tiempo real, es decir poniendo su ser en la escena a medida que esta se prepara, si bien una vez confeccionada la pieza, la fidelidad a la escritura (a través no sólo de palabras sino de objetos) es total. ¿Podemos hablar en casos como este de texto postdramático, qué diferencia existe entre un texto de estas características y un texto performativo, o incluso un texto escénico? ¿Qué necesidad hay de usar un término que no aclara sino que lleva a confusión?

Por texto escénico, en concreto, entendemos aquel que se construye en la escena y que nace desde la escena y para la escena. Su subordinación a lo escénico viene dada por la categoría en la que se incluye, ¿por qué entonces hablar de texto post-dramático? ¿No estamos confundiéndonos con aquel texto que aparece en el teatro postdramático, es decir, aquel que aparece en un género teatral que renuncia al texto previo, al guión y escritura anteriores, para establecer así una poética del hacer, de la escena que se construye sin la tiranía logocéntrica de la palabra? ¿No era este texto el que perseguía con ahínco Artaud?

Una problemática terminológica quizá innecesaria, si tenemos en cuenta que la novedad que establece Lehmann, es en algunos puntos dudosa y artificial, sobre todo porque está referida a un tipo de teatro que más tiene que ver con el poema dramático (energético) que con un posicionamiento post (postmoderno)

A nuestro juicio, el término texto escénico reúne unas características inmejorables para su utilización y reivindicación, y quizá no sea necesaria una nueva nomenclatura. Aún así, si el término postdramático se acaba imponiendo y afectando al texto, entonces, habrá que hilar fino y enfocar los cajones (no estaría de más ampliar entonces el término texto, tal y como sugiere Julia Kristeva). Por otra parte, y obrando con coherencia, si aceptamos como ejemplos claros de teatro postdramático los casos deTadeusz Kantor, Pina Bausch, Fura dels Baus o buena parte de las creaciones de Robert Wilson,  queda claro también que de existir un texto postdramático será aquel que se escriba en proceso y en tiempo real, una vez que está siendo experimentado como texto espectacular (texto escénico que lleva a una transcripción postdramática),  y que aún a posteriori podría dar lugar a un segundo texto postdramático : el libreto coreográfico definitivo, aquel que sirve de guía para el movimiento de los actores. De esta última manera es como únicamente podemos entender que es posible escribir a conciencia un texto sin texto , como herramienta principal, sin la textura textual que caracteriza a cualquier texto dramático, aunque -como advertimos- incluso de este modo podrían existir dudas sobre la inclusión dentro del drama o del postdrama, si tenemos en cuenta lo pretencioso que puede resultar afirmar que algo ha superado a algo (tal y como parece indicar Lehmann en su utilización del prefijo post) sin escapar de su verdadera esencia e intención dramática: crear mensaje directo, copresencia.  (Nuevamente, en otra áreas se dan casos similares: la poesía sonora o visual, aún renunciando muy a menudo al uso del texto sigue siendo poesía y no superación de la poesía).

Ni siquiera el posteatro de Joan Brossa ni los paisajes de Gertrudes Stein llegaron a abandonar la categoría de teatro, pues su posteatro era el teatro que a Brossa le gustaba escribir, al igual que las óperas paisajistas de Stein llevaban en su interior la semilla de la lucha feminista a través del teatro. Un teatro pos, irónico con lo post, vanguardista y rupturista siempre, con una gran dosis de evento y performance negadora de la representación (también Brecht luchó denodamente en contra de la mímesis), pero teatro al fin y al cabo.

.

Julio Fernández Peláez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s